El tratamiento del paciente con ERC se debe iniciar en cualquier nivel de atención, ya sea en instituciones públicas o privadas, donde sea atendida la persona, realizándole la valoración de la gravedad y la clasificación, estadio de la enfermedad, enfermedades asociadas, posibles complicaciones, riesgo de pérdida de la función renal y la estimación del riesgo cardiovascular.
El control estricto de la presión arterial es, probablemente, la medida con la repercusión más favorable en el pronóstico de ERC, en general.
Deberá contemplarse la participación de personal de enfermería, odontología, farmacia, psicología, trabajo social y cuidados paliativos.